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Almafuerte, Vox Dei, El Reloj y Dulces 16: Peso Argento

Si sumáramos las trayectorias de Almafuerte, Vox Dei, El Reloj y Dulces 16 serían más de 100 años de rock. Tendríamos que hablar de «precursores». Vox Dei se fundó en 1967 y fueron los primeros en mezclar canciones rockeras con pasajes de La Biblia.

El Reloj fueron los pioneros del metal argentino, propiamente dicho (el primer simple data de 1973). Dulces 16, durante los ’80, se ganaron el mote de primera banda de rock stone -sin banderas, ni bengalas- cuando Pity Álvarez todavía gateaba y el cantante de La 25 era un espermatozoide con Toppers. Y Almafuerte, bueno, todos sabemos lo que significa la figura de Ricardo Iorio para los abanderados del género. «Lo más grande del heavy nacional», reza el cantito popular. Ni más, ni menos.

Los Dulces 16 abrieron la jornada cuando la sensación térmica en Paternal todavía rondaba los 30º. La gente se iba acercando con las remeras negras reglamentarias y la resaca de los festejos navideños. Algunos hacían la previa con Fresita y Ananá Fizz sobre la calle Gutenberg. El grupo liderado por Rudy Marcolongo y el Conejo Jolivet levantó con «Para tocar rock and roll» y «Ley del rock and roll», demostrando porqué son nuestros primeros Pomelos. Se los veía aceitados: tantos Makenas que hicieron este año de regreso dieron sus frutos. Volvieron a encontrarse con el rock clásico a tres guitarras. Pero metal, lo que se dice metal, nada. De todas maneras la gente los recibió bien y a más de un cuarentón se le piantó una lágrima recordando el B.A. Rock ’82.

Con El Reloj hubo un cambio musical notable, empezando por el doble bombo machacante. «Somos la semilla que germinó en toda esta movida metalera que está acá», comentó el Vikingo Martínez (voz) con orgullo. Y algo de eso había, sí. Lo mejor de su presentación fue «Blues del atardecer», tema que el propio Iorio reversionó en su disco solista del año pasado. Para el 2011 prometieron festejos por sus ¡40! años de carrera.

Vox Dei venía de perder a su baterista original (Rubén Basoalto) y, sin embargo, dieron un show irreprochable. «Jeremías pies de plomo», «Las guerras» y «Compulsión» fueron algunos de los momentos altos. La garganta de Willy Quiroga estaba en forma y la viola de Carlos Gardellini (¡Los Gardelinis!) sacó chispas en la jam de «Génesis». Para el final hubo un video recordando a Basoalto con la consigna: «Por siempre Pulpo». En su lugar estuvo Simón Quiroga.

Si bien las bandas aportaron peso histórico en esta velada, Almafuerte fue la que convocó al grueso del público. Iorio mostró todas sus facetas: el Iorio Nacionalista («Patria al hombro»), el Iorio Camionero («Convide rutero»), el Iorio Campestre («Toro y Pampa») y el Iorio Cristiano («si no hay amor, bajate», canta en «Debes saberlo»). Hasta tuvo tiempo para una humorada: «En la historia del rock los que menos cogimos fuimos nosotros, no se olviden». Fue un show de manual, con un Iorio apagado. «No todas las noches de los artistas son las mejores. Lo peor de ser viejo es acordarte cuando eras joven», se excusó. Iorio está más allá del bien y del mal: él sabe lo que envenena.

El repertorio tomó ribetes nostálgicos con el popurrí de Hermética y V8, que se paseó de «Vida impersonal» y «La revancha de América» a «Muy cansado estoy» y el himno «Destrucción». Una seguidilla explosiva, calcada del disco En vivo – Obras 2001, directo al corazón del metalero argentino. La despedida fue con «A vos amigo» y un abrazo simbólico entre las cuatro bandas, dejando en claro que las plateadas cruces de Black Sabbath y su resplandor siguen bien reivindicadas en estas tierras.

Por Nicolás Igarzábal

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