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Blur: “Cada show que hacemos es el último”

A mediados de los 90, surgió en Inglaterra una reivindicación del propio ser nacional en las distintas ramas del arte. En materia de música, el fenómeno se tradujo al britpop, y que tomó a Blur como uno de sus mayores exponentes. El vínculo no fue azaroso: la banda de Londres no sólo representaba sonoramente a su ciudad de origen, sino que su vocalista Damon Albarn también retrataba (y a veces ridiculizaba) la vida del ciudadano inglés promedio. En 1997, el grupo decidió surcar otras aguas, y mientras en su país de origen todos los artistas iban por el mismo sendero, ellos entraron en un terreno más experimental con su debut homónimo, una veta que se profundizó dos años después con 13. Pero la búsqueda de nuevos rumbos se tradujo también a asperezas por no poder ponerse en claro sobre qué camino tomar, y así fue cómo el guitarrista Graham Coxon abandonó el grupo durante las sesiones de Think Tank, que sería el último trabajo de estudio de Blur.

Reducida al formato de trío, la banda se disolvió a los pocos meses, y los miembros restantes tomaron distintos caminos. El camaleónico Albarn tamizó sus inquietudes por una larga lista de proyectos (Gorillaz, The Good, The Bad & The Queen, Rocketuice & The Moon, y la musicalización de dos obras de teatro), el baterista Dave Rowntree tuvo una serie de intentos pocos fructíferos en convertirse en legislador por el Partido Laborista, y el bajista Alex James se instaló en una mansión en la campiña inglesa, en donde vive junto a sus cinco hijos y se dedica a la producción de quesos. En 2009, Blur encaró una gira reunión por Inglaterra, que significó el regreso de Coxon, pero el operativo retorno se concretó recién tres años más tarde. El lanzamiento de un box set retrospectivo y su presencia en el cierre de los Juegos Olímpicos fueron un empujón suficiente como para que la banda encarara una gira mundial que los traerá a Buenos Aires a catorce años de su única visita. Ahora, las expectativas por parte de los medios y la prensa están depositadas en la aparición de algún nuevo material de estudio, alimentada por los dos singles que el grupo editó en este tiempo, y a la que el propio James no sabe en que puede llegar a derivar.

Antes de este tour, Blur tuvo una gira reunión en 2009. ¿Por qué se tomaron tanto tiempo entre una cosa y la otra?
Nunca fue una decisión en sí. Después de lo de 2009, sentí que esos habían sido nuestros últimos shows. Al tiempo nos pidieron que actuáramos en Hyde Park en el cierre de los Juegos Olímpicos, y pensamos que era un honor demasiado grande como para decir que no. Dijimos que sí, y eso disparó un montón de otras cosas. Nos dimos cuenta que no podíamos simplemente seguir tocando, así que grabamos dos canciones nuevas a las que les fue muy bien, y terminamos remasterizando todo nuestro catálogo para un box set, que hizo que todos nosotros revisáramos los altillos de nuestras casas para juntar todo lo que habíamos grabado alguna vez. Ahí decidimos que teníamos que ir a los lugares a los que nunca habíamos ido, o a los que hacía mucho tiempo que no visitábamos, como una manera de agradecer por su paciencia y su apoyo.

Desde que volvieron, sacaron dos singles. ¿Ves posible un disco nuevo de Blur en el futuro cercano?
Esa es la gran pregunta, pero yo sólo interpreto que cada show que hacemos es el último, porque todo podría colapsar y hacerse humo de un momento al otro. Hicimos doce shows en lo que va del año, y ese fue el foco hasta ahora. No hay ninguna presión sobre nosotros, así que sólo lo hacemos porque disfrutamos hacerlo y porque nos estamos llevando muy bien. Estuvimos en Hong Kong hace dos meses, y se suponía que debíamos tocar en Taiwán y Japón, pero hubo un cambio de planes y terminamos quedándonos allá una semana. Decidimos ir al estudio sin mayores planes, como una cosa muy espontánea, y nos pasamos zapando y haciendo montones de material, pero no sé hacia dónde va o en qué se va a convertir. Ahora el foco sólo está puesto en hacer que los shows salgan de la mejor manera posible. Así que, la respuesta más genuina sobre un nuevo disco es que realmente no sé qué pasará, pero amamos tocar juntos.

Graham Coxon fue el primer miembro de la banda que conociste cuando estudiabas en la universidad ¿Cuán difícil fue para vos seguir la banda sin él en la época de Think Tank?
A esa altura, todos habíamos intentado hacer nuestros proyectos por separado, y no nos necesitábamos tanto el uno al otro para hacer discos. Damon estaba con Gorillaz, yo escribía y producía para Sophie Ellis Bextor y Marianne Faithfull, y Graham estaba con sus discos. La separación en sí de la banda fue porque todos necesitábamos ir a hacer otras cosas. Creíamos que Graham iba a ser parte de la grabación de ese disco, pero él tenía otros asuntos de los que ocuparse, así que empezamos sin él y así fue como terminaron las cosas. En vivo no era lo mismo, porque necesitás a seis personas para lograr lo que él hace. Cuando se fue, llamamos a tres coristas, un percusionista y dos guitarristas para llenar su vacío. Él es mi amigo, y todo sale bien cuando él está cerca. No es Blur sin él.

Después de la separación te mudaste a Kingham en medio de la campiña inglesa y te dedicaste a fabricar quesos. ¿De dónde salió eso?
(Larga una carcajada) En la época del último disco me casé y en la luna de miel compramos una granja con mi mujer y nos mudamos ahí para escapar de la vida en el centro de Londres, del Soho y Covent Garden. Comencé a tener un estilo de vida mucho más apacible, y siempre me gustó el queso. Los fans me han llegado a tirar hormas al escenario, y también me las mandan por correo, es una locura. Para la gente es algo raro, pero los monjes cantan por la mañana, y hacen queso por la tarde. Podés acercarte a Dios con el queso de la misma manera que con la música.

Aprendiste a tocar el bajo con “Blue Monday” de New Order. ¿Cómo se sintió llenar el espacio de Peter Hook en el disco de Bad Lieutenant?
La gente suele decir que nunca deberías conocer a tus héroes, pero eso es algo erróneo, es vital hacerlo. Lo conocí a Bernard Sumner, nos hicimos muy amigos y se vino a quedar unos días en mi casa en el campo. Dos semanas después tenía a la mitad de New Order viviendo en mi casa por unos cuantos días, y me enloqueció completamente. Así que mi consejo es: decididamente debés conocer a tus héroes, ¡pero no dejes que se muden a tu casa! Chistes aparte, lo que Blur nos dio a todos es una suerte de tarjeta de presentación que hizo posible que trabajásemos con gente que respetamos y admiramos. Me encanta lo que hice con ellos, porque cada vez que entré al estudio aprendí algo nuevo.

¿Qué te llevó a escribir tu autobiografía, Bit of a blur?
Me parecía una historia demasiado maravillosa. Siempre la vi como una aventura loca, y toda esa historia en plan “de mendigos a millonarios” es interesante, porque permite ver la serie de pequeñas coincidencias que hicieron todo posible. Me ayudó porque fue muy catártico y me sirvió para tomar noción de todo lo vivido al momento de escribir, y fue lo que me salvó de la locura después de la separación de Blur. No voy a decir que es algo que amo, pero disfruto mucho una vez que tengo un libro terminado.

Blur fue una de las bandas más representativas del britpop, no sólo por su música, sino también por cómo representaba a la vida en tu país.
Eso es lo que hacen las bandas. No estás vendiendo canciones, sino una cultura. Nunca nos sentimos una banda de britpop, si bien estuvo dando vueltas por un rato largo. Lo bueno es que siempre evolucionamos lo suficiente para escapar a las categorizaciones. Cuando empezaron a decir que éramos britpop, escribimos “Song 2”. En el box set hay una grabación de once minutos de nuestro primer ensayo, la cual no había escuchado en veinte años, porque la tenía Graham en su casa. Lo que hay en esa cinta es el proceso en el que compusimos “She’s So High”, podés ver su nacimiento a medida que zapamos. Es nuestro primer ensayo, y así y todo no podría ser ninguna otra banda más que nosotros.

Quince años después del britpop y la Cool Britannia, ¿cómo explicás qué pasó con la cultura de tu país en los 90?
Si mirás la cultura británica de esa época, vas a ver que eran artistas quienes estaban involucrados. A principio de los 90, el arte moderno era un chiste y la gente no se lo tomaba en serio, pero al final de la década, la galería Tate Modern era la atracción turística más visitada de Inglaterra. Había mucha buena música, pero lo más importante era que había arte. Los últimos diez años en el Reino Unido es todo sobre la comida. Ahora, los chefs son como estrellas de rock, y es muy loco, porque la comida británica era una burla para todo el mundo durante muchos años. Ahora, de repente se volvió algo sofisticado por lo que somos conocidos en el resto del mundo.

¿Qué recordás de tus visitas a Argentina y qué esperás para noviembre?
Ninguno de nosotros sabía mucho qué esperar de Buenos Aires, y yo estaba sorprendido por tanta amabilidad. Me dio la impresión de que había mucha influencia anglófila, y que la gente estaba interesada por lo que ocurría en Gran Bretaña y Europa. Es una ciudad fascinante, sofisticada y exótica. Me encantó salir a caminar, quedarme en un café o tomar unas cervezas y Damon fue a ver un partido de River Plate. Escribí sobre la ciudad en mi libro, porque Buenos Aires es el lugar en el que tranquilamente podría pasar el resto de mi vida. Me sentí como en mi casa, y lo digo en serio. También estuve por la Patagonia en 2005 con mi mujer, y es un lugar mágico. Estamos todos muy emocionados con la idea de ir. Tengo una vida muy tranquila en la granja, así que va a estar bueno ir a la otra punta del mundo a hacer un poco de ruido.

Por Joaquín Vismara

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