Arte y Cultura

Los 80 reviven en un libro que capta el espesor de una época convulsionada y vibrante

Con un registro que fusiona la precisión del etnógrafo con la sagacidad periodística, José Esses y Dalia Ber recorren en el libro «Los 80.

La década», los hitos de una época insuperable por su carga simbólica y fáctica, trazada por la dificultosa transición entre una dictadura feroz y la recuperación democrática de 1983, la conquista de un Mundial de Fútbol y la guerra de Malvinas, entre otros sucesos.

Lo banal y lo crucial dialogan con cadencia sostenida en esta obra que busca trascender la recreación nostálgica para componer un retrato complejo de la década del 80 que elude la cronología plana para ofrecer una reconstrucción con matices que ilumina la génesis de algunos procesos sociales como la reconstrucción de la memoria colectiva post-dictadura y la aparición de nuevas prácticas culturales a partir de la llegada de dispositivos tecnológicos -las videocasseteras, entre ellos- que rompieron la lógica del «instante irrepetible».

En «Los 80. La década» (Planeta), los periodistas y primos José Esses y Dalia Ber recuperan esos años a partir de un minucioso barrido que exhuma series y telenovelas, campeonatos de fútbol, crisis inflacionarias, recitales, looks y por supuesto el protagonismo político de una escena sensibilizada por el juicio a las juntas militares, la guerra de Malvinas y los alzamientos carapintadas en plena primavera alfonsinista.

Los autores, egresados de la carrera de periodismo del Taller Escuela Agencia (TEA) y casi adolescentes durante el período analizado, dejan en claro que los procesos y acontecimientos pocas veces pueden encapsularse en una fecha: así, el fin de la dictadura en 1983 no significó el cese inmediato de muchas de las metodologías practicadas por el aparato represivo del estado, como el uso de la violencia y en particular de los artefactos explosivos.

«En los 80 todo era más intenso, tal vez porque había menos cosas. Veníamos de una época muy negra en la que nos habían quitado todo y prácticamente todo estaba prohibido. Sin la garra de la represión, emergió a la superficie aquello que se venía expresando de manera subterránea», sostiene Lalo Mir en la contratapa del libro, una idea que circula todo el tiem?o en la entrevista telefónica que Télam mantuvo con Esses, radicado en Alemania.

– Télam: ¿Cuando surgió la idea del texto primó solamente el disparador subjetivo que tiene qu ver con la manera en que ustedes se relacionaron con esa época o ya de antemano sabían que estaban ante una década con una carga simbólica tan fuerte?
– José Esses: El libro surgió básicamente de la vivencia común que habíamos tenido con Dalia sobre esa década, que se resume en un montón de recuerdos como los veraneos en San Clemente, el Italpark, los dúos jugando a ser Pimpinela y muchos programas televisivos que nos marcaron. Tuvimos que ir encontrando una estructura para poder meter todo lo que surgía de la evocación melancólica y al mismo tiempo lo que tenía que ver con el registro social y político.

– T: Lo original del formato elegido es que aunque el rastreo está presentado cronológicamente, hay un seguimiento de cada tema y en general se apunta cómo fue su devenir en el tiempo…
– J.E: Fue la mejor forma que encontramos para cerrar los temas. Al mismo tiempo, otro criterio guió paralelamente el armado del libro: hay personajes que se repiten a lo largo del período porque son centrales, como en el caso de Gabriela Sabatini, Mirtha Legrand o Carlos Menem, que aparecen varias veces. Tanto con los hitos como con los personajes lo que tratamos de hacer es profundizarlos, contextualizarlos y verlos en retrospectiva. La idea era que el libro no se agotara en la cuestión sentimental o anecdótica.

– T: ¿Fue una década bisagra para la sociedad argentina? ¿Algo de lo que ocurrió en estos años sirve para explicar los rasgos casi antagónicos de la década posterior, que podría considerarse más «lavada» y en cierto modo banal frente a su convulsionada antecesora?
– J.E: Comparando con otros períodos es sin duda el más intenso. Más allá de eso, vale aclarar que algunos de los episodios que se dieron en esta época obedecen a procesos cuya gestación y duración la excede. Lo que intentamos es narrarlos sin que se pierda el hilo. La cuestión del diálogo con los militares, la tensión derivada de los alzamientos como Semana Santa y Campo de Mayo, marcan que fueron unos años muy violentos que no terminaron con la llegada de la democracia en 1983.

Fue un período donde la metodología de las bombas siguió muy vigente, por ejemplo con el caso del atentados a las oficinas de Ramón Saadi que era parte importante del peronismo o los explosivos en el comité de la Unión Cívica Radical. Los 90 aparecen después como una época más aplacada política y socialmente, sobre todo porque a partir de los indultos se produce una tensión que después cambia de forma.

Además hay que tener en cuenta para entender esta transición tan lenta entre democracia y dictadura que en muchas provincias los represores de la dictadura siguieron ocupando cargos públicos y en otras incluso subsisten en hoy en algunas dependencias. En ese momento había una tensión tremenda pero con los indultos y cierto desmantelamiento se fue calmando. En ese sentido, después se abrió el diálogo político. De hecho cuando Alfonsín empezó a negociar después ya no pudo volver atrás.

– T: ¿Cuánta distancia detectaron entre la configuración mental que tenían ustedes de los 80, tan surcada por los recuerdos de la infancia y la adolescencia, y la resignificación de época que fue surgiendo a partir de la reconstrucción periodística? ¿En cuánto cambió este libro la percepción de esos años? ¿Cuáles son las ventajas de la perspectiva histórica?
– J.E: La perspectiva histórica que se plantea en el libro nos sirvió para revisar y entender el derrotero de algunas figuras, como el sindicalista Hugo Moyano, el periodista Daniel Hadad o el fiscal José Campagnoli. También Mauricio Macri y el Papa Francisco. De lo que se trató, es de trascender la nostalgia y que los textos tuvieran un ritmo equilibrado que combinaran o banal y lo sustancioso.

La idea era trascender el lugar común y ver qué hay más allá de eso que sobrevive en el presente. Nos interesó por ejemplo contar también cómo se tomaban algunas decisiones y cómo de golpe ascendían a Alfredo Astiz y luego lo pasaban a retiro sin que Alfonsín pudiera decir nada al respecto. Son detalles que permiten ver cómo se hacía política en ese momento y entender un contexto en el cual no por iniciarse un proceso democrático se destrabó la tensión social n dejaba de haber razzias. En esa opresión que se va aflojando surge una cuestión cultural que estaba atorada y necesitaba salir.

A partir de la investigación, detectamos una serie de cosas que el tiempo y el imaginario colocron en un lugar de comicidad, pero que en el contexto de la época no lo tenían. Por ejemplo las canciones contra Margaret Thatcher durante la guerra de Malvinas. La famosa «Thatcher, vieja podrida/este verano te sacamos las Malvinas». Esas cosas, puestas en contexto, no tenían de gracioso.

telam

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