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“EL REFUGIO”, DE EL BORDO

“Tendrás que ser vos, dejar el confort y atravesar la tormenta”. Escuchar esas estrofas, incluidas en “Metafísica suburbana”, el octavo tema del nuevo disco de El Bordo, apenas a salvo del inesperado temporal que arreciaba ayer sobre la Ciudad de Buenos Aires, suena a profecía. La explicación es tan metafísica como suburbana.

Estamos en El Refugio, la sala que la banda tiene en Almagro, emplazada en el mismo lugar en el que hace dos décadas ensayaban Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y La Renga. Hace un año y medio atrás los hermanos Ale y Diego Kurz, Pablo Spivak, Miguel Soifer y Leandro Kohon decidieron que este sería su lugar en el mundo, por eso acondicionaron la sala durante nueve meses (un parto) para pasar nueve meses más trabajando la música (otro parto) hasta que finalmente el disco vio la luz. Luego de ese proceso (documentado en los vídeos que acompañan este texto) y ya con el álbum terminado no hubo otra: a la hora del bautismo se inclinaron por el mismo nombre de la sala: El Refugio.
Si Hermanos significó un salto en el sonido (que los músicos atribuyeron en gran parte al trabajo de producción de Ale Vázquez), en El Refugio redoblaron la apuesta. Suenan concretos, potentes, seguros de lo que tienen. Otra vez Vázquez fue el productor, aunque la fórmula (afortunadamente) no fue la misma.
Así suenan una por una las canciones:

1) “Corazones olvidados”
El primer corte, el adelanto del disco. Una canción de rock Made in El Bordo, con las guitarras bien al frente y una historia que cruza la experiencia de gestación de la sala con la visión que tiene Ale Kurz sobre las soledades en la ciudad.

 

2) “La libertad”
Conceptualmente entrelazada con el tema apertura: El Refugio sobrevuela la canción, pero lleva su espiritualidad a un nivel más alto. “Que sin esfuerzo nada vale nada” canta Ale con la voz bien clara, desahogada. Destino de hit.

3) “Humanos”
El resultado del juego entre los teclados y sintetizadores de Leandro con las guitarras de Diego y Ale convierte a la canción en una experimentación inédita para la banda. Su letra encierra una crítica hacia el tiempo (y todo lo) que se pierde frente a las pantallas del celular.

4) “Destino”
“Siempre al mismo lugar, tatuado en el silencio, sos el que construye el destino”. Un rock de guitarras que forma la base sobre la que se generó el disco y que fue mutando con las sesiones.

 

5) “Mi alma ve”
Como dos artesanos del sonido, Pablo y Miguel tejen una red intrincada de bajo y batería, donde las guitarras y la voz de Ale suenan enigmáticas. Punto alto del disco.

6) “El traje”
“¿Por qué se ponen más lindas después de dejarme?”, se pregunta Kurz en una canción en la que se anima a nuevos horizontes vocales. Los vientos le imprimen aires circenses.

 

7) “Que ella vuelva a sonreír”
La canción que baja los decibeles del disco. Una balada luminosa en la que se destaca la intervención de la cellista Paula Pomeraniec. “No pierdas tiempo aún quedan muchas cosas por hacer”, susurra Ale, apoyado también en la armónica de Leandro.

8) “Metafísica suburbana”
A diferencia del disco anterior, grabado a cinta abierta, en este caso la idea fue que suene como en casa. Algo que toma forma directa en los primeros segundos de este track, donde se escucha una conversación de estudio. Un rock de esos que El Bordo sabe hacer tan bien.

9) “Todo y más”
Un mid tempo introspectivo. “Viví como vos querés ser recordado”, suelta Kurz en uno de los versos.

10) “Hablame”
El Bordo rescata un tema inédito de Nirvana y lo hace propio. La versión original, “Talk to me”, fue grabada por Kurt Cobain unas semanas antes de su muerte, y solo fue tocada cinco veces en vivo por el trío. La letra es un reflejo del momento catartico que terminó con el suicidio del músico.

11) “Deporte nacional”
La banda apunta a los charlatanes que hablan por hablar. Musicalmente acá trazan un triángulo entre el grunge, el Sumo de “Cuerdas, gargantas y cables” y el rock británico de teclados al frente.

12) “Carta a un amigo”
“La esencia es atemporal, libre y mágica como la amistad”, reflexiona Kurz en la canción que cierra el disco estéticamente más variado de la discografía de El Bordo, y el que marca la consolidación de un sonido superador para el grupo.

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